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Manual de supervivencia para mujeres positivas

50 SOMBRAS DE GREY

El cuento sexo-erótico que excita a las mujeres españolas

Chicas todo empezó en una cena, cuando alguien dijo, “me pongo cachonda leyendo en el autobús “ y la otra añadió, “yo cuando mis hijos se van a la cama, me hago dibujos para entender mejor las posturas, y practicar después con mi marido”, y hasta una tercera, “me he leído los tres volúmenes en una semana, las escenas de sexo varias veces”….Vaya aquello si era una novedad, en estas cenas de amigas solemos hablar de temas bastante prosaicos, como dietas, alergias, pañales, suegras, jefes….en alguna ocasión excepcional incluso hablamos de tíos, pero de sexo,… ¿cuándo hemos hablado nosotras de sexo?, ¿qué está pasando?.

Parece que la primera novela de la inglesa Erika Leornard James, productora de televisión y hacendosa madre de familia, está causando estragos, no sólo porque ha sido el fenómeno literario de la temporada, alcanzando cifras récord de ventas en todo el mundo, sino porque además ha conseguido destapar la caja de pandora de las mujeres, y dejar escapar uno de los secretos mejor guardados: la  existencia de una sexualidad femenina distinta de la masculina. A ELLAS también les gusta el SEXO.

 Para nosotras, la trilogía 50 Sombras de Grey, ha inaugurado, sin duda, un nuevo género literario, ya que su autora, aunque recién estrenada en estas lides (nos referimos a las literarias, de sexo parece saber un rato), ha dado con la fórmula mágica para que las mujeres de medio mundo aprecien, de una vez por todas, las bondades de la novela erótica, hasta ahora reservadas para una pequeña minoría.

En su receta mágica, encontramos, al menos, tres ingredientes fundamentales, por los que, en nuestra opinión, la escritora ha dado en el clavo para llevarse de calle a las tías, y de paso hacerse rica. Lo primero, concebir un cuento de amor romántico al más puro estilo Disney, con su príncipe, su cenicienta, y su bruja mala, lo segundo, integrar el sexo con maestría, a través de una descripción minuciosa y sin tapujos de los encuentros sexuales entre los protagonistas, pero contada desde la sensibilidad femenina, no desde la masculina, y lo tercero, terminar con un típico final feliz de peli de domingo por la tarde, en el que todos los personajes consiguen cumplir sus sueños al mismo tiempo…y fueron felices y comieron perdices.

Christian Grey es el candidato perfecto a príncipe azul, joven, millonario, muy guapo, extremadamente apuesto, y cómo no, con un trauma infantil que sólo la mujer adecuada podría curar. Asimismo, y en esto no tenemos más remedio que aplaudir la habilidad de la autora, el príncipe, (que no sólo es azul, sino también verde), es un auténtico experto en prácticas sexuales, pero no uno de esos expertos al uso, (la mayoría de los hombres creen que lo son, bueno, también están convencidos que te saben tocar….), sino uno de verdad, con titulación máster y especialización en placer sexual femenino, gracias a varios años de arduo estudio con una entrenadora personal de mediana edad, adicta a los placeres más perversos….

Por otro lado, Anastasia Steele, la modesta cenicienta, es igualmente un personaje estereotipado de Disney, joven, muy guapa, discreta, independiente, madura, y por alguna razón inexplicable, todavía virgen a los 21, pese a tener una caterva de pivones suspirando por sus huesos, y una compañera de piso bastante más iniciada en las prácticas sexuales. Su vida sin embargo, dará un giro de 180 grados cuando se encuentre con el príncipe, y su cuerpo, hasta entonces territorio inexplorado, pasará a terreno conquistado y abierto a todas las posibilidades.

Cómo buena novela en registro cuento, una tiene que acostumbrarse desde el principio, a todo ese mundo de personajes guapos y exitosos, donde los feos no están permitidos, los guapos además son listos, y los malos, acaban siempre entre rejas o aislados. Así durante la lectura de la novela, enseguida pudimos comprobar, que nunca pasaríamos el casting para princesas del sexo, ni por lo físico, ni por lo mental. Pero ni nosotras, ni casi nadie, porqué ¿a cuántas tías conocéis cuya  primera experiencia sexual fuera buena? . Muy al contrario esta suele ser de esas cosas que difícilmente salen bien, no sólo porque una se tiene que enfrentar por primera vez al desnudo integral de un cuerpo que todavía no ha aceptado del todo, y que encima ese día, según la ley de Murphy, amanece lleno de granos, sarpullidos o con un brote celulítico inesperado, sino porque además tiene que hacerlo enfrente de un tío y pasar la prueba de fuego.

Si encima, esta primera experiencia chispas, en lugar de tenerla con un veinteañero medio borracho con granos y pinta de friqui, en la parte trasera de su Seat Panda sin asientos reclinables, como es lo habitual, la tienes que pasar con un pivón de cuerpo perfecto, olor sobrenatural, y millones saliéndole por las orejas, en su suntuoso ático de lujo en Seatle, la cosa sólo podría acabar en temblores, compulsiones, o diarrea. Por no hablar de la inevitable contracción de tu cuerpo fruto de la tensión ambiental, sólo comparable a la que tenías cuando eras pequeña en la consulta del practicante a la vista de la aguja de tu primera inyección.

Y aunque el tío se lo montara infinitamente mejor que el veinteañero, y supiera perfectamente la tecla que tocar y como tocarla, sin parecer que está sacando brillo a la tapicería del coche o buscando el tesoro de Tutancamon debajo de tu sujetador, la intimidación que con toda probabilidad te produciría la mera presencia de un tipo de ese calado y experiencia, y encima desnudo, jamás te dejaría concentrarte en el placer, a menos que en lugar de copita de vino, como ella, te hubieras bebido la botella entera. Pero lo peor de todo, y la razón por la cual Anastasia Steele jamás podría ser nuestra amiga, no es por la envidia que la tendríamos ante tanto sexto y tanta pasta, sino por su declarada aversión por la ropa, su odio a ir de compras, y dejar que todo ello lo decida otra persona. Así que para celebrarlo, os dejamos unas cuantas propuestas por si vosotras tampoco tenéis personal shopper, ¡ni maldita falta que os hace!

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