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Manual de supervivencia para mujeres positivas

APRENDE A MANEJAR TU ENERGÍA Y NADIE PODRÁ PARARTE

¿REMAS A TU FAVOR O EN TU CONTRA?

Chicas, parece que últimamente estamos dando al traste con todas nuestras estrategias de vida, aunque como decía Woody Allen, “me ha llevado media vida triunfar de la noche a la mañana,” y eso si entrenas mucho. Ahora resulta que después de pasarnos años luchando contra el tiempo, corriendo por la vida intentando sacarle el mayor partido, exprimiendo las horas para que en ellas cupieran más acontecimientos, más cosas y más personas, el secreto del éxito no está en lo que hacemos con el tiempo, (que es la parte fija de la fórmula), sino lo que hacemos con la energía (que es la parte variable). Nuestra vida es un constante intercambio energético.

Cada día desde que nos levantamos hasta que nos acostamos tenemos una misión, y no nos referimos sólo a comer sano, mover el culo, reírnos un rato y echar la bonoloto, que también, sino sobre todo a manejar nuestra energía a nuestra conveniencia, gestionarla adecuadamente y hacer de ella nuestra herramienta más poderosa (sin olvidar el taladro, que es la segunda), para conseguir aquello que queremos, si es que tenemos la suerte de saber qué es lo que queremos.

 La energía es nuestro bien más preciado, (desengañaos, los acontecimientos de la vida casi nunca están bajo nuestro control, ni los buenos, ni los malos, el tiempo mucho menos, nuestra apariencia física ni te cuento y la mala leche de tu suegra, queda lejos de nuestra zona de influencia, todo eso es preciso aceptarlo cuanto antes), pero a cambio tenemos la energía, por eso hay que alimentarla, cuidarla, y dosificarla adecuadamente para que no se nos vaya por las alcantarillas de la vida, ni se bloquee en nuestro cuerpo en forma de úlcera de estomago o pinzamiento lumbar. Tenemos que aprender a ponerla a tope en lo que realmente importa, bajarla al mínimo en lo que no, pero sobre todo usarla en nuestro propio guiso, cocinando con lo que tenemos en nuestra nevera y no con los ingredientes de la despensa de los demás, aunque el resultado no le guste a todo el mundo.

 Estaréis pensando y con razón, que a veces esto es radicalmente imposible, pues se trata de un proceso automático en el que casi no intervenimos, cuando en la carretera me hacen una pirula e invierto toda mi energía en poner a caldo al conductor, aunque éste ni llegue a enterarse, no puedo evitarlo; cuando me cabreo y me desespero porque los demás no son como yo quiero que sean tampoco, o cuando me ocurre algo malo y uso toda mi energía en decirme que soy una desgraciada y que todo me pasa a mí, sin dejar ni una gota para recuperarme, aún menos. Ni siquiera puedo controlar esa manía que tenemos de intentar tener razón, como si nuestra verdad fuera la única posible, cuando la verdad es como los culos, cada uno tiene el suyo.

Pero, aunque no podamos evitar estas reacciones porque son automáticas y seguramente estén basadas en nuestra experiencia y particular sistema de creencias (papa y mama nos han transmitido sus creencias y frustraciones con la leche templada en cada biberón, los profesores en clase y los compañeros en el patio del colegio), podemos decidir cuánta energía ponemos en ellas y cortar el flujo cuando veamos que la reacción que tenemos no nos conviene. Lo mismo ocurre con los pensamientos negativos, tenemos que aprender a detectarlos y pararlos inmediatamente, (los pensamientos negativos consumen tanta energía como los músculos cuando hacemos ejercicio), por eso nos pasamos la vida diciendo eso de “estoy agotada y no sé porqué, porque hoy no he hecho nada”….

 Un día hace bastantes años en una excursión al Machupichu un tipo que se había pegado a nuestro grupo me dijo que nunca había visto tanta energía en una sola persona. Aunque al principio creí que era un piropo luego cuando continuó hablando me di cuenta que era más bien lo contrario, “nunca había visto tanta energía pero derrochada, es como si llevaras un carro tirado por muchos caballos veloces, pero cada uno fuera hacia un sitio distinto, tienes la energía pero no te lleva a ningún lugar, deberías ponerte a la riendas y dirigirla a donde tú quieres”, pero yo que no sabía de que estaba hablando, le puse uno de mis caretos de “cállate capullo” y me largué.

Sin embargo ahora después de varios años, unos cuántos bloqueos y muchos tiros dados al viento, estas palabras han vuelto a mí mente, sobre todo porque, como intentó en vano decirme aquel extraño, me he dado cuenta de que mi energía se va en miles de acciones inútiles que lejos de remar a mi favor van en mi contra, como intentar controlar lo que no está bajo mi control, ayudar a quién no quiere que le ayude, buscar el agrado de todo el mundo, o soltar todo tipo de indirectas en lugar de manifestar lo que quiero con claridad, ( lo de intentar agradar siempre no lo menciono porque me da vergüenza).

Así que nosotras hemos empezado ya a entrenar, aunque por supuesto con escasos resultados hasta la fecha, no es nada fácil cambiar de hábitos y mucho menos de creencias, pero al menos hemos detectado algunos de los más dañinos y estamos intentando cambiarlos. Aquí os dejamos este testimonio de alguien que no sólo no le gustaba a todo el mundo, sino que no le gustaba a casi nadie y que decidió convertir eso en la energía que movería su vida.

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