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Manual de supervivencia para mujeres positivas

¿CUANTO CIANURO HAS TOMADO HOY?

ANALICEMOS LA FRASE: “Si pones tu energía en los pensamientos negativos crecerán”

El otro día ocurrió un hecho fatídico. Nuestro pequeño Mauro, un chaval sano de ocho años de edad, querido por su familia, correctamente escolarizado, bien alimentado, decentemente vestido, practicante de fútbol y aprendiz de músico percusionista, tuvo un pequeño ataque de rabia ante la perspectiva de tener que meterse (por imperativo maternal) dentro del coche a esperar.

Tras el berrinche inicial de quejas y aspavientos varios, “pero mami porque yo, no quiero, es que no me apetece”, y una vez convencido de que la pataleta no surtiría el efecto esperado, porque no se libraría del mandato sino todo lo contrario, el niño acabó por claudicar, no sin antes sentenciar con toda su energía, “vaya mierda de vida”, (siento no poder reflejar aquí la correcta entonación, creo que llevaba bastantes más eess “vaya mieeerda de vida”)…

La cosa no hubiera pasado de ahí, pues la frase hasta nos había provocado unas carcajadas a las allí presentes, que incluso habían servido para caldear el ambiente, (nos encantan las exageraciones catalíticas sobre todo cuando vienen de un mico de ocho años) , si no fuera porque nuestra amiga Piti, hasta entonces callada observadora de la situación, hubiera decidido romper el silencio para soltar el sabio y oportuno comentario: ”como se nota que los niños son vuestros, hablan igual que vosotras”.

Esas breves e inocentes palabras hicieron saltar las alarmas en nuestra conciencia, pues nos dimos cuenta que sí, Piti tenía razón, el niño no sólo estaba imitando las no muy bonitas palabras que salen por nuestras bocas, sino que además podría estar verbalizando una actitud bastante pesimista de afrontar las circunstancias de la vida, y esto no cuadraba mucho con la percepción que teníamos de nosotras mismas, ni con la que nos parece imprescindible inculcar a los niños.

Así al día siguiente decidimos que durante unos días trataríamos de observar, no sólo nuestros comentarios y gestos varios, sino toda esa artillería reactiva que solemos usar cuando las cosas no son como nos gustaría, y descubrir si efectivamente éramos responsables al menos en parte de que Mauro hubiera reaccionado como si en lugar de tener que meterse en el coche de su madre, le hubiéramos pedido que se subiera  en una patera rumbo al estrecho.

El experimento tenía su miga, no os vayáis a pensar, eso de observarse a uno mismo, y valorar las actitudes personales, incluyendo  esos inocentes comentarios que uno cree que expresa por lo bajinis, pero que sin embargo casi siempre dice en voz alta “m me he equivocado,  estoy hecha una m…., vaya sitio de m….., no puedo con tanta m…, me importa una m…, requiere de un ejercicio de autocrítica importante, no tanto por las palabras mal sonantes, sino sobre todo porque éstas importan mucho más de lo que nos parece, ¿y si al decirlo tanto se hicieran realidad?.

Por supuesto no vamos a contaros aquí con pelos y señales los resultados del experimento, sería demasiada exposición, pero si os diremos que gracias a ello nos hemos dado cuenta de varias cosas, algunas  positivas, pero otras no tanto. Entre las primeras sobre todo resaltar que descubrimos muy gratamente que ninguna de las dos pertenecemos a los selectos grupos de personas tóxicas; ni somos de esas que han nacido para amargar la vida a los demás, quejándose de todo y de todos, y buscando siempre a alguien a quién culpar, ni de esas otras que se pasan la vida sembrando el miedo y la catástrofe allí por donde van,” te vas a caer, no vas a poder, no vamos a llegar, esto no va a salir bien”, como diría Emilio Duró ¿os imagináis ir con una de estas en un viaje a la luna?…… con ellas sólo hay una salida, la huida.

Entre las cosas no tan positivas pero subsanables, tenemos que confesar que enseguida nos dimos cuenta de que efectivamente la frase era nuestra, que la decimos a menudo junto con otras muchas igual de derrotistas, (algunas veces en tono de humor, pero otras en forma de exagerado lamento al estilo Mauro) porque es verdad que a veces cuando las cosas se tuercen, nuestra reacción y nuestras palabras sólo sirven para echar más leña al fuego e incrementar la negatividad, y la negatividad si la alimentas, crece.

Pero lo peor de todo es que ya lo sabíamos, que sabíamos que cada vez que lo hacemos, cada vez que nos cabreamos con el mundo, o con los demás, que cada vez que usamos nuestra energía para maldecir, es como si nos tomáramos un chupito de cianuro, que sólo nos hace daño a nosotros mismos…. Y algunos días, algunos se toman la botella entera.

Nosotras ya hemos iniciado el proceso de desintoxicación y de paso, para animarnos un poquito, nos hemos dado un chapuzón en la moda de otoño que ya irremediablemente, tenemos que asumir que ha llegado para quedarse. ¿Os animáis?

 

Via Fashion Gone Rogue

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