Pages Navigation Menu

Manual de supervivencia para mujeres positivas

FLOWER POWER

NECESITAMOS UN CAMBIO

Chicas es normal que andéis inquietas, revueltas y desazonadas, porque es primavera y todos necesitamos un cambio. Nosotras necesitamos un cambio, nuestra casa necesita un cambio, nuestro cuerpo necesita un cambio, y si os empeñáis, hasta nuestra alma, necesita un cambio. No hace falta que sea un cambio radical, tirar la casa por la ventana, o poner una bomba a nuestra vida. Vale con un simple guiño renovador, abrir la ventana para que entre un poco el fresco, barrer las telarañas del invierno, cambiar la gama cromática, y acabar de una vez, con los veinte tupper de lentejas que aún quedan en el congelador.

Y es que estamos hasta el moño de pagar un facturón de calefacción, forrar la casa con mantas peluchin, ponernos maquillaje como para decorar una tarta, y llevar unas medias tupidas de alto gramaje que pican un montón. Vamos por la calle, y se nos van los ojos tras los estampados, las terrazas, y los cuerpazos de aquellos que tomaron la delantera, y ya lucen palmito y sonrrosón. Así que, aunque sabemos que hasta el cuarenta de mayo, no hay que quitarse el sayo, que en San Isidro siempre llueve, y que la cosa no está para destape y despilfarro, no podemos evitar que nos pique la necesidad de florecer, aunque sólo sea, dejando la celulitis al viento, o poniendo un cojín fluorescente en el salón.

Cuando éramos pequeñas la primavera se anunciaba con la limpieza de las cortinas, la desaparición de las alfombras, y por supuesto, la súbita aparición de los vestidos. En invierno nunca llevábamos vestidos, estaban circunscritos al verano, igual que las flores, los helados, el gazpacho, y las sandalias, así que en cuanto llegaba el buen tiempo, preguntábamos, ¿toca ya ponerse vestido?. Ahora la frontera no es tan evidente, la gente lleva sandalias en invierno, come helados en diciembre, y decora con amarillo chichón en febrero, pero eso no quita que el síncope primaveral, esa llamada casi animal a la renovación, siga siendo la misma. Los días son más largos, el tiempo se va templando, las flores empiezan a salir, el cuerpo pide su ración de sol, la casa su toque de color, y la tarde, su terraza, gintonic y minifalda. 

Aunque antes sea imperativo necesario, como en todo proceso renovador, que tengamos que pasar por un par de momentos traumáticos, que sólo una vez superados, nos permitirán empezar a disfrutar de verdad de los placeres de la nueva estación: el cambio de la ropa de invierno por la de verano (¿ah,  pero tenéis ropa distinta para invierno que para verano? yo siempre tengo la misma… dirán ellos), quitarnos las medias y ver lo que hay debajo, (el blanco es un color precioso que pega con todo…), y tratar de que la casa se vista de primavera sin gastarnos un pastizal ( lo de la casa si que no lo entiendo, ¿es imprescindible hacer algún cambio? dirán ellos otra vez).

El tema de la ropa es un trauma que hay que pasar rapidito, nada te vale, nada te gusta, no te acordabas de que tuvieras eso, y no quieres tirar nada, no vaya a ser que algún día vuelvas a la 38, además si la sacas pronto pasarás frío y si la sacas tarde pasarás calor….., lo del cuerpo, es cuestión de quitarse unos cuántos complejos, vale, estás muy blanca, no estás en tu peso ideal, y el biquini te queda bastante peor que el año pasado, pero y qué, ya va siendo hora de que aceptemos que la vida sigue su curso, y que más nos vale seguirlo nosotros también con ella, o tendremos una vida igual de corta pero mucho más frustrante. Lo de la casa, está claro, es una pura cuestión de expresividad, reciclaje y imaginación, y por supuesto de arrasar en el Tiger (el chino suizo dónde se encuentran miles de cosas increíbles), aunque si te queda algo de dinero, no está de mas hacerte con algún cojín de Zara Home, o conseguir alguna pieza vintage para dar ese toque de eternidad que tanto nos gusta.

Así que hoy mismo nos vamos a poner a hacer cambios, aunque el tiempo no sepa si quiere carne o pescado, y unos días amanece invierno y otros verano, aunque al miramos bien, encontremos mil excusas para seguir escondidas tras el abrigo, arrugas, venas, celulitis, aunque pensemos que nuestro salón no tiene solución porque haría falta un milagro para que tuviera aspecto de frescura primaveral, aunque ellos no entiendan nada y piensen que nos hemos vuelto locas. Somos flores imperfectas pero únicas e intransferibles, y queremos florecer porque es primavera, ya lo dice el Corte Ingles.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

bloglovin