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Manual de supervivencia para mujeres positivas

LO QUE NO SÉ, QUE NO SÉ

CURSO BÁSICO  DE MEDITACIÓN: BUSCANDO A TU WALLY INTERIOR

Chicas, la primera vez que nos dijeron que “meditar todos los días” era lo mejor para la salud de cuerpo y alma, nos quedamos de piedra, “pero si meditar está chupado, es como pensar fuerte, nosotras lo hacemos todos los días, pillamos un pensamiento y le damos unas cuantas miles de vueltas”. Bueno vale, quizá nos faltaban los rituales, el atuendo, las velas, la postura, y por eso probablemente aún no habíamos sido capaces de captar todos esos supuestos beneficios, pero si se trataba de pensar, nosotras éramos unas expertas, ya nos lo decían en el colegio, “vete de clase y medita un poco sobre lo que has hecho”…

Menos mal que poco después descubrimos que en esto, como en muchas otras cosas, estábamos bastante confundidas. Para empezar nos aclararon que para meditar nada de pensamiento consciente, sino todo lo contrario, dejarse llevar por la relajación y concentrarse en no pensar en nada, tratar de sentir el cuerpo y nada más (bueno en esto estábamos bastante más pez que en lo de pensar). Pero nuestro principal descubrimiento no sólo resultó ser sobre el “cómo”, sino también sobre el “porqué”. Parece ser que meditando, además de descansar de verdad (incluso más que con el sueño, por algo decía nuestro padre que “estaba meditando” cuando se quedaba sobado en el sillón), además se puede conectar con la información que tenemos en el  inconsciente, que es la parte más rica del cerebro y encontrar allí soluciones a nuestros problemas (osea que cuando nos decían que éramos unas “inconscientes” ¿¿nos estaban piropeando???)

Ahora ya no estábamos de piedra sino más bien de pedernal, y no sólo porque aquella explicación parecía más de un episodio de “Redes” que de los “Harecrisnas”, pero sobre todo porque daba al traste con toda esa confianza ciega en la mente pensante que nos habían inculcado en el colegio, poniendo el peso de nuestras decisiones en un área cerebral distinta al PENSAMIENTO a la que encima accedíamos precisamente NO PENSANDO, ( sería esto la famosa intuición, y si así era,¿ porqué había fallado tanto con las corazonadas de Gallardón??). El enorme potencial de este área cerebral en el que se archiva y procesa 10.000 veces más información que en él consciente, nos puede abrir la puerta a una mayor comprensión del mundo y ayudarnos a resolver algunos de nuestros conflictos internos.

Cuando nos recuperamos del shock y conseguimos procesar este descubrimiento, decidimos que había llegado el momento de pasar a la acción. Todo esto había que probarlo en carne propia para poder compartirlo con vosotros. Así que nos pusimos manos a la obra, sacamos las colchonetas enrollables de los campamentos de verano, las colocamos frente a la ventana, y nos bajamos un manual CEAC de iniciación a la meditación: sentarse en un lugar tranquilo y con poca luz, sobre una colchoneta o similar, con la espalda recta, las manos relajadas apoyadas en las rodillas y los ojos cerrados. Después centrarse en la respiración, inspirar, expirar…

Ni que decir tiene que tardamos un rato en coger la postura, porque al principio parecíamos dos contracturadas imitando al Dalai Lama, y por supuesto, necesitamos otro rato más largo aún, hasta conseguir no fijarnos en los miles de ruidos del entorno que ahora sonaban como si tuvieran un amplificador. Pero lo resultó ser más complicado fué eso de “dejar de pensar” ya que los pensamientos parecían incontrolables, aparecían en nuestra mente a su libre albedrío (tengo que, debería estar haciendo, no oigo al los niños…), cuando tratabas de evitarlos se quedaban enganchados sin que te dieras cuenta. Así que al final la experiencia resultó agotadora y no tan relajante como prometían en el manual del cursillo.

Con la práctica hemos descubierto que cada uno tiene que encontrar su manera de meditar, activa, relajada, solos o acompañados, concentrados en la respiración o recitando mantras, por la mañana o por la tarde, pero conseguirlo requiere su tiempo y su entrenamiento. No obstante os invitamos a que lo probéis porque llegado el momento os sorprenderéis muy gratamente con los resultados, que aunque no milagrosos, si bastante útiles a la larga, si queremos entendernos mejor a nosotros mismos y lo que nos rodea. Mientras os lo pensáis y nosotras preparamos el curso avanzado, os proponemos estos espacios relajantes tan inspiradores…guardarlos en el inconciente…

 Via Nuevo Estilo y AD

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