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Manual de supervivencia para mujeres positivas

NADA ES PARA TODA LA VIDA…

SALVO ESE TATUAJE EN LA INGLE CON EL NOMBRE DE TU NOVIO 

Chicas, ayer estuvimos hablando de los cambios que se han producido en nuestra sociedad en un simple y diminuto salto generacional, de la época de nuestras madres a la nuestra, y hemos concluido que somos unas sortudas. Nuestros padres tuvieron que cargar con ese San Benito tan arraigado en su época, de que en la vida había al menos cinco cosas, que una vez conseguidas, eran para siempre: la casa, el marido, el trabajo, los muebles, y el abrigo. Así que más les valía no equivocarse con ninguna de ellas, porque entonces habrían firmado su sentencia de vida, que no de muerte, y probablemente les tocaría pasar toda la existencia llevando el mismo abrigo, soportando al mismo jefe, y durmiendo con su enemigo en la misma cama, en la que seguramente habría muerto su abuelo algunos años antes.

Esta creencia era, hasta hace muy poco, una verdad irrefutable, que no admitía cuestión. Así que la gente iba recorriendo su camino por la vida intentando acertar al máximo su único tiro de gracia, y para ello, lo más recomendable era dejar que los demás decidieran por uno, ocultando sus verdaderas pasiones, que por otro lado, y con un poco de suerte, ni siquiera habrían llegado a descubrir cuando por imperativo social les hubiera tocado tomar tan trascendentales decisiones….. “Habla ahora o calla para siempre….”

Así que con toda probabilidad, más de una, acabó casándose con su primer novio, para convertirse después en hacendosa amita de una linda casita, comprada lo más cerca posible de la de sus papitos, con el dinero de algún banquito bueno, y que por supuesto, estaba bien pertrechadita con unos muebles de los de “para toda la vida”, elegidos diligentemente entre el sabio vendedor de la tienda de turno, y la super experta de su suegrita….

A nosotras, que en parte nos tocó heredar estas firmes convicciones sociales, y que, gracias a ellas, nuestra generación consiguió colapsar durante varios años las carreras de derecho y empresariales, y repoblar el pequeño pueblo ahora grande, de Boadilla del Monte; con el paso de los años, y no sin esfuerzo, nos ha tocado reconocer, que esta forma tan encorsetada de entender la vida, ya no nos servía para los alborotados tiempos que nos habían tocado, y que para bien o para mal, ninguna de esas cosas “para toda la vida” duraba tanto, a menos que fuéramos de esos pocos que aciertan todo a la primera, no cambian de opinión nunca, y sobreviven a todos los ERES de su empresa. “Dicen que no hay nada peor que te vaya bien algo que no te gusta”.

Sin duda la mayor parte de la culpa de este cambio de tendencia la han tenido a iguales proporciones, la liberación femenina, IKEA, Google y la crisis. La primera nos sacó de casa y nos mostró que había un mundo en el que teníamos mucho que aportar sin necesidad de llevar la mopa en la mano, la segunda nos enseñó que podíamos redecorar nuestra vida tantas veces como quisiéramos, y que los muebles para toda la vida eran poquitos y los elegías tú, y la tercera (porque Google tiene que ser mujer, de otro modo no sabría tantas cosas), nos ayudó a ver el mundo por nosotras mismas, y a conectar con el universo a la hora que quisiéramos y sin salir de casa. La última, tan denostada ella, dio al traste con lo del “trabajo para toda la vida”, y nos empujó a dejar de mirar un poco menos la cuenta corriente, y un poco más nuestra propia singularidad, y si fuera posible, hasta vivir de ella. Lo del amor simplemente se hizo evidente, el amor verdadero aparece un día cualquiera en un vagón del metro, y unas veces dura para siempre, pero otras, se baja en la siguiente estación sin que nos demos cuenta.

Ahora, que estamos empezando a convivir en armonía con la incertidumbre, la diversidad y el cambio permanente, y que de una vez por todas, los anuncios de la tele, nos presentan héroes de verdad que triunfan sólo después de muchos fracasos, y amas de casa, que llevan las riendas de su vida pero también de sus sueños, hemos comprendido por fin, que el secreto de la felicidad, es encontrarnos a nosotros mismos, aunque esto, a cada uno nos lleve nuestro tiempo, y a más de uno nos suponga más de un tropezón.

Recuerdo que nuestra madre tenía esos muebles de los de “para toda la vida”, pero como la vida no hacía más que cambiar, ella hacía lo mismo, los cambiaba de sitio constantemente, cuando llegó IKEA fue la primera en redecorarse, salvando sólo aquello que merecía seguir en nuestras vidas. Ahora nosotras nos volvemos locas con lo Vintage y ella no lo entiende, pero mamá es que hay cosas que sí son para toda la vida……poquitas…

Via Nuevo Estilo, Etxecodeco, AD, Pinterest

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