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Manual de supervivencia para mujeres positivas

PADRES E HIJOS

Mamá QUIERO SER REPORTERO

Pero tú estás loco, querrás decir FUNCIONARIO

Chicas, el otro día en el metro de Madrid, un martes de mayo de 2013, mientras recorría, enfrascada en las páginas de un libro las cinco paradas que separan mi casa del curro, no pude evitar, escuchar sin quererlo, una conversación entre dos adolescentes, que no sólo logró arrebatarme mi momento de lectura favorito, obligándome a levantar la vista de la novela que estaba leyendo, para poner cara y pinta a los portadores de tan desconcertantes noticias, sino que me dejo una incómoda inquietud, que aún no he logrado superar.

La cosa no era para menos, porque la conversación de estos dos chicarrones de presencia impecable, lejos de escandalizarme por lo rupturista, como cabría esperar de esa juventud incipiente y soñadora, (aunque a estas alturas, creo que yo soy mucho más moderna y soñadora que cualquier adolescente adoctrinado de hoy), efectivamente me escandalizó, pero por lo contrario, por lo antiguo, lo caduco, lo corto de miras, y lo totalmente obsoleto de su planteamiento vital. Si me dicen que esta situación estaba sucediendo el mismo día, en el mismo lugar, a la misma hora, pero del año 1997, ni me hubiera inmutado, pero 20 años después, tras la revolución tecnológica, una crisis casi eterna, el sistema público sin levantar cabeza, banqueros que van a la cárcel, y abuelas tuitteando a todas horas, tales planteamientos me parecían un absurdo regreso al pasado.

Cuando finalmente pude analizar más intensamente a mis dos compañeros de vagón, me encontré con dos chavales, que a diferencia de los de 1997, no tenían, ni esa pinta de desvalimiento de los chicos de entonces, ni iban abrazados a la carpeta archivador forrada con fotos de Samantha Fox en bañador, ni llevaban sudaderas de U2, Heineken, o Siniestro Total, ni siquiera, lucían ese pelo alborotado medio infantil, aún sin domesticar, tan común por aquellos años; sino que estos chavales, con aspecto de mayores para su edad, iban perfectamente peinados, vestidos con impecables camisas con logotipos gigantes de marca de moda, y como no, debidamente equipados con sendos smartphones de última generación de los que no despegaban la vista.

 “Yo siempre he querido ser periodista, me mola desde que era un enano, pero me ha dicho mi tutora que ni se me ocurra intentarlo, que lo borre de mi cabeza, que no tiene salida”, había dicho uno de ellos con cierta pesadumbre, como si la resignación aún no hubiera completado su proceso de aniquilación de los sueños, a lo que su amigo, más bajito, pasotilla y desgarbado, le respondió con escaso entusiasmo, y sin dejar de mirar en ningún momento su pequeño tamagochi, “pues claro tío, mi padre me ha dicho lo mismo, que la única opción es hacer Administración de empresas, que vale para todo, que me deje de idioteces, que luego te comes los mocos”. “Supongo que no queda más remedio “, añadió el primero, con cierto tonillo de desesperación contenida, “vamos, que me va a tocar estudiar para abogado, y luego hacer una oposición, como mi hermano, que es un trabajo para toda la vida…….

“Joder, hasta mi padre era más moderno cuando me toco a mí tomar esa decisión”, musité yo en voz baja como para mis adentros, mientras añadía mentalmente, “pues estamos buenos, ahora resulta que los chavales del siglo XXI, piensan igual que los del siglo XX, pero estos, además de estar dispuestos a renunciar a sus sueños, y trabajar en algo que no les gusta, como muchos de los de antes, encima pretenden hacerlo para una empresa que está en quiebra….Entonces el bajito me miró como pensando, “mira ésta loca, que habla sola”, y sin más, se volvió a su amigo, y dando por zanjada la conversación sentenció, “a ver chaval que no le des más vueltas, déjate de periodismos, es lo mejor, además podemos estudiar lo mismo, y así estamos juntos en clase. Mira, estás tías están respondiendo al whatsup, ¿a qué hora hemos quedado?”.

A partir de entonces no pude seguir escuchándoles, ni tampoco volver a la lectura, sólo comerme las uñas para no saltarles al cuello y gritarles,  “Por favor no renunciéis, no todavía, luchad por lo que queréis desde ahora mismo, sois unos privilegiados por tenerlo claro desde tan jóvenes”. Luego cuando conseguí tranquilizarme, orgullosa de no haber montando el numerito en el vagón, decidí dedicar el resto del trayecto a analizar la situación, ¿cómo era posible que pensaran así?, ¿cómo era posible que hubiera cambiado tanto el mundo, hubieran caducado sistemas, conocimientos, maneras de relacionarnos, perfiles, actitudes, y peinados, pero siguiéramos pensando del mismo modo que la década anterior?

Pronto comprendí que en la propia pregunta estaba la respuesta: en realidad NO todo había cambiado tanto, todavía había muchas cosas que no lo habían hecho: nuestras creencias, el sistema educativo, el pelo de Tita Cervera, el maltrato a las mujeres, la plaga de piojos cada otoño, el sueño de ser funcionario, incluso en algunas cosas, habíamos retrocedido a planteamientos aún más decadentes, que dejaron de funcionar hace mucho tiempo, como la obsesión por ser propietarios, el empeño por uniformarnos, en lugar de amar nuestra individualidad, el miedo a salir al extranjero, (pese a que por fin sabemos un segundo idioma), el retroceso en la ley del aborto….

En todo caso, para nosotras, esta conversación era casi inconcebible, porque si algo hemos aprendido en estos años de vorágine tecnológica y caída empicado del sistema, es que ya no podemos fiarnos de predicciones, estadísticas, políticas, ni mucho menos, de un estado incapaz de resolver sus propios problemas, (porque difícilmente resolverá los nuestros). Por fin hemos entendido, que el camino del éxito, ya no consiste en seguir el camino predeterminado por la sociedad y sus imposiciones, sino en todo lo contrario, seguir tú propio camino. Y aunque nadie te garantice que éste será un camino de rosas; si te preparas bien, perseveras mucho, tienes un pensamiento positivo, y el apoyo de la gente que te quiere, podrás vivir de lo que más te gusta, mejor haces, e incluso disfrutar tanto del camino como de la meta, ya sea periodismo, pintura, cerrajería, arte, o abogacía.

Porque aunque no lo crea la tutora de este chico, ya nada es para toda la vida, ni siquiera trabajar en una empresa del IBEX 35, o ser un funcionario del estado. Y aunque nosotras nunca habíamos creído que los americanos fueran mejores que los españoles en casi nada, hay que reconocer que allí, cuando un joven tiene talento, monta un negocio, mientras que aquí se prepara una oposición al estado….Al final va a ser verdad que algunos padres están dispuestos a hacer cualquier cosa por sus hijos, menos dejarles ser ellos mismos.

Mirad lo que dice Richard Branson, Presidente de Virgin, que además de arriesgar y perseguir sus sueños recomienda a los jóvenes viajar y descubrir el mundo, cuando aún no llevan cargada la espalda. Y si os quedáis con ganas de más, mirad el planteamiento de estos chavales que quieren cambiar las cosas, quizá sea un poco extremo, pero si lo pensamos bien ¿es justo que un examen siga decidiendo nuestro futuro? 

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