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Manual de supervivencia para mujeres positivas

PONTE LA FAJA MAJA

PORQUE YA ES PRIMAVERA
Chicas una vez más, y como casi todos los años por esta época, la fiebre por recuperar el TIPO PERDIDO durante el invierno está arrasando la ciudad. En esto también Inditex marca la pauta, sus tiendas se inundan de color, de escotes, de cortísimos shorts, de minifaldas y, aunque todavía hace un tiempo de perros, nuestra mente reacciona inmediatamente a la llamada de la selva, “necesito un cambio”, y te lanzas al shopping sin pensarlo. Luego llegas al probador (que se debería llamar com probador) con tu selección de prendas de nueva temporada y compruebas que, aunque el escaparate ya esté de primavera total, tu cuerpo está como el tiempo, anclado en el invierno y que, por mucho que te empeñes, nada te sienta bien, ni te cabe, ni se adapta a tu descolorido tono de piel. Así que no te queda más remedio que concluir que, como sospechabas, este año también tienes un auténtico cuerpo PORNO….. …por no hacer ejercicio, por no dejar las madalenas, por no comer fruta, por no hacer caso a tu madre.

Así que sales de la tienda y decides tomar medidas drásticas. Estas cosas es mejor cortarlas de raíz. Si aún no estás apuntada, el gimnasio será la solución, al fin y al cabo aún quedan unos meses para el desnudo de verdad, y quizá te dé tiempo a limar unas cuantas asperezas, pero si ya lo estás, decidirás que ha llegado el momento de que te vean por allí un poco más a menudo, y no sólo ese día al mes en el que entran en tu ficha para comprobar que has pagado la cuota. Nosotras como somos de las que vamos más bien poco, aunque al menos nuestra cara si la recuerdan, decidimos que para afrontar esta pequeña crisis primaveral lo mejor sería buscar la manera de sacar mayor rendimiento a nuestras breves incursiones gimnásticas, probando una de esas FAJAS DEPORTIVAS tan útiles y de las que tanto habla la gente.

La faja de moda en los gimnasios es una especie de banda de neopreno con cierre de velcro que se sitúa en la cintura, y que según prometen tanto fabricantes como usuarias vigoréxicas, favorece la sudoración y la eliminación de toxinas en la zona abdominal con la práctica de ejercicio físico continuado, ayudando a reducir de este modo, cintura, tripa, incluso en casos extremos, ese volumen indeseable en la peligrosa zona de las asas del amor. Además, según testimonios directos de las usuarias, “si llevas la faja, el ejercicio deportivo cunde el doble”. Una solución perfecta si queremos conseguir la anhelada cintura de avispa que requieren esos tops ombligueros, revival de los ochenta, que amenazan con arrasar en las terrazas esta primavera.

Así que ni cortas ni perezosas nos pillamos sendas fajas deportivas, y nos las plantamos inmediatamente para testar en propia piel sus loados efectos modeladores. Efectivamente, ya en los primeros minutos de la primera puesta pudimos comprobar la veracidad de algunas de las bondades del producto, ya que el esperado efecto de sudoración excesiva se consigue incluso antes de empezar a moverte. Esto, que de entrada nos parecía una gran ventaja, después se reveló como un obstáculo, ya que empiezas la clase como deberías acabarla, sudando como un pollo.

Poco después, cuando el ejercicio se va intensificando, el nivel de sudoración no es que aumente un poco, es que tal y como prometen en el prospecto, aumenta exponencialmente convirtiendo la zona en cuestión, en un pequeño pantano de agua estancada, que con el movimiento emite un desagradable ruidito a modo de sopa a punto de hervir tipo chup, chup, al tiempo que el efecto calor se expande por el cuerpo dejándote sin aliento y resoplando ruidosamente, también mucho antes de lo previsto, y por supuesto en total desavenencia con el resto de la clase.

Pero lo mejor, como siempre, está reservado para el final, ya que el efecto faja realmente intenso se manifiesta en la parte de la clase dedicada al ejercicio abdominal. Entonces es cuando el cuerpo entra en contacto con el suelo, y con él la zona anegada por el agua produciendo un efecto pescadilla y un sonido más de limpieza de pescado, dificultando notablemente el ejercicio, y llamando la atención del personal con la sonoridad. Para cuando la clase ha concluido, estás empapada, colorada, y exhausta, y la única opción que tienes es salir corriendo a la ducha, antes de que el sudor empiece a enfriarse, y te entre la tiritona, como me pasó a mí el día que después de la clase se me ocurrió hacer unos cuantos recados.

Así que os puedo asegurar que este verano no luciré cintura de avispa, ni seguramente llevaré esos tops de vientre al viento porque no me ha quedado más remedio que renunciar (Sofía sigue dale que te pego, ella si los llevará), aunque tengo claro que mañana me voy de compras y me pillo algo, aunque sólo sea para que la mosca primaveral me anime a seguir entrenando.

Via Fashion Gone Rogue

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