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Manual de supervivencia para mujeres positivas

SIN RENUNCIAR A LAS LENTEJUELAS

 TALLER DE NAVIDAD

Chicas se acerca la navidad, fun,fun, fun. Y como todos los años nos encontramos con esa apasionante división irreconciliable entre opuestos, según su manera de vivir las tradicionales fiestas. En la esquina derecha, con el traje de espumillón y el villancico  en la boca, están todos esos que adoran las navidades, y que en cuánto ponen las primeras luces se lanzan a sacar los mazapanes, el belén, y el jamón envasado al vacío. En la esquina contraria, con cara de poca fiesta, total ausencia de brillos y ganas de que pase pronto, están todos esos que no las pueden soportar, y se llenan de sarpullidos sólo de pensar en acudir a determinados eventos.

Y es que la navidad es bipolar en sí misma, igual que la política, Belén Esteban, o la liga de fútbol. Sólo la navidad puede ser al mismo tiempo la buena samaritana y la esplendida cortesana. Porque únicamente durante esas fechas está permitido celebrar al mismo tiempo el recogimiento, la generosidad y la vida familiar a golpe de villancico, con el derroche, la fiesta, los regalos y las comilonas, sin que te tachen de incongruente o maniaco depresivo. Así por la mañana puedes entonar unos cánticos sobre la paz en el mundo abrazado a ese primo lejano que sólo ves una vez al año, vestida con el jersey de renos y el chocolate caliente en la mano, y por la noche, tirar la casa por la ventana y comer ostras y langostinos vestida de lentejuelas abrazada a ese otro “primo” que no conoces de nada con la copa de champan en la mano ¡¡yo quiero bailar…¡¡¡.

Por eso las fiestas navideñas son tan prácticas y contentan a casi todo el mundo, (siempre que estés en el grupo de los que les gustan, por supuesto) por un lado a todos aquellos que necesitan espiar sus pecados del año – llamar a los viejos amigos, cenar con los suegros, donar comida al banco de alimentos, o ir la misa del gallo-, y por otro, a todos aquellos que por fin tienen una escusa para comérselo todo, ponérselo todo y enseñarlo todo, que ya llegará enero para enmendar sus estragos.

 Aunque si sois de los que las navidades os deprimen, tranquilos, porque según los psicólogos, razones no os faltan, y no sólo porque haya que estar contentos por imperativo legal, esconder todos los conflictos debajo de la mesa, y encima gastar una pasta, sino porque está demostrado que la proliferación de eventos, regalos y compromisos, puede producir un grado de estrés casi insoportable en algunas personas.

Nosotras que en esto también somos un poco bipolares, (las navidades nos gustan y nos horripilan al mismo tiempo), hemos encontrado una pequeña fórmula para sacarles el mejor provecho y no sucumbir en el intento, sobre todo ahora que el escaso presupuesto no permite resolver el festejo a golpe de talonario. Y para ello, hemos recurrido a hacer piña con los niños, que son sin duda los que más disfrutan de las fiestas y siguen creyendo que existe la magia.

Con ellos montamos un pequeño taller de navidad creativa en el que, además de crear nuestros propios adornos navideños (siempre más barato y ecológico), preparamos dulces y platos caseros, y si nos queda tiempo, ensayamos algunas actuaciones estelares que con suerte verán la luz durante alguna de las aburridas cenas familiares de rigor.

Por si os animáis con el taller, aquí os dejamos los imprescindibles: para la ambientación, un par de cds de Villancicos de Siempre, (aunque vale los de Parchis o el de los Village People), y algunos instrumentos musicales como panderetas, zambombas, botellas etc, para el catering, alguna receta sencilla que lleve chocolate, frutos secos y muchos cacharros de cocina (tened escondido un surtido CUETARA o turrón de Suchard por si falla la receta), para los adornos: material de reciclaje del tipo, papel de regalo, tubos de papel higiénico, cajas de cartón, botones, piñas, hojas secas, etiquetas, calendarios, bonobuses, todo vale, y para la actuación, gorros, gafas, ropa vintage, disfraces, ( unas sábanas si os decantáis por el belén viviente).

Una vez acabado el taller os recomendamos encarecidamente organizar una cena navideña con las amigas para contar la experiencia, enseñar las fotos, y sobre todo para estrenar por fin ese modelete con el que llevas soñando desde el año pasado y que nunca pasaría el filtro en una cena con los suegros, ¿qué os parecen estos??

 

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